“Preparate entonces que soy… ¡el vengador de Anacleto de la Torre a quien mataste cobardemente” –en obvia referencia al rengo que peleaba riéndose. Y agregó: ”¡vengo a matarte, hijo de p…! Sacá el arma y defendete… ¡cobarde!.. ¡canalla!.. ¡asesino!”
Ante la firme decisión del hombre que lo amenazaba, el bravucón se abstuvo de echar mano a la cintura, donde afloraba la empuñadura del facón con el que había ultimado al hombre por quien se le pedía que rindiera cuenta. Entonces el forastero lo volvió a incitar diciéndole: “¡Sacá el arma y defendete, carajo!, porque… ¡de cualquier manera te voy a matar!”
Tampoco se animó Alba a pelearlo. Entonces el provocador volvió al despacho de bebidas y pidió otra copa. Y cuando la hubo tomado, expresó sorprendido, golpeándose el pecho a modo de reproche: “¡No puede ser!.. he venido desde Ayacucho para matarlo y ahora… le ando con lástima a ese cobarde. Pero si no se defiende… ¡lo voy a matar lo mismo!”
Y salió a buscarlo de nuevo. Pero el hampón, había desaparecido, escapándole a la hoja del facón. (Continúa)







